24-25/09/2005

La guía decía que en un casa de te en el PN Paluma los pájaros se te posaban en el dedo para comer la mermelada en el platito de la mermelada que sostenías en la mano. Lo que no decía era que para llegar había que hacer 18 kilómetros de carretera estrecha con pendientes del 10%.

Efectivamente la Ivy Cottage Tea House, era increíble, los pájaros acudían a comer a las mesas situadas en medio de un pequeño jardin tropical. Cuatro especies de Honeyeaters y un ave del paraíso (Victoria Riflebird) ignoraban a la gente y se posaban a comer en la mano.

Un árbol cercano hacia de posadero y permitía fotografiarlos antes de que se abalanzaran por grupos sobre la mermelada.

Al salir del Ivy Cottage, continuamos fotografiando aves por los alrededores e incluso unos vecinos del pequeño pueblo de Paluma (Peter y Dorothy) nos invitaron a entrar en su casa para ver como les daban de comer. La tarde se nos echaba encima y debíamos continuar camino hacia el sur.

Al ir a arrancar la furgoneta no iba, la batería se había descargado. Intentamos empujarla entre varios para tirarla por una cuesta, nos remolcaron unos cientos de metros nada estaba lista…

No quedaba más remedio que llamar al teléfono de asistencia, lo hicimos desde casa de Peter y Dorothy. Gracias a ella pude explicar donde estábamos, en un rato llamarían para decir que pasaba.

Ahora el problema era que nuestros accidentales anfitriones debían marcharse a cenar a casa de unos amigos. Al cabo de unos minutos nos llamaron los de la asistencia en carretera diciendo que salía una furgoneta desde el “Battery World” de Townsville (a 1 hora y 20 minutos en coche) y con una carretera empinada infernal por en medio.

Peter nos dejo la casa a nuestra disposición hasta que llegase la batería nueva y mientras ellos iban de cena. Nos dejaron hasta una botella de vino con dos copas y una tetera preparada para amenizar la espera. Al cabo de una hora de una hora y media, aparecía en Paluma una mugrienta furgoneta con una batería para nosotros. El conductor venia acompañado de su hijo un niño de 4 o 5 años con cara de cansado.

A las 10 volvieron Peter y Dorothy, ya estábamos en la furgoneta acabando de cenar. Insistieron en que aparcáramos en su plaza para que pudiéramos dormir nivelados.

Esa noche les prepare un selección de imágenes del viaje para por que vieran que llevábamos visto en su maravilloso país.

A la mañana siguiente nos esperaba un desayuno con tostadas, café y huevos. Al menos les gustaron las fotos y pudimos agradecerles todo lo que habían hecho por nosotros.

Gracias Peter y Dorothy.

Ya solo nos separaban 490 Kilómetros de los ornitorrincos de Eungella…